La Eutanasia en Nuestra Sociedad Actual

La eutanasia en nuestra sociedad actual

 

Eros y Tanatos, la dualidad que representa la esencia humana. La primera mueve al género humano a la fertilidad, al amor, a la procreación y a la vida; la segunda marcando el fin de la existencia terrenal de la vida.

   Tanatos, la personificación de la muerte en la mitología griega, ha sido incomprendido, tan buena como la vida, también la muerte cumple con su papel en el desarrollo de las sociedades, sin ella la vida en el planeta sería imposible; un mundo sin la muerte sería inviable, imaginen ustedes un mundo donde nadie se muriera y donde estaríamos condenados a convivir, con la dinastía Borgia, con César, con Cleopatra, con Nerón , con  Hernán Cortés y Maquiavelo, en fin, con toda la humanidad que nació antes que nosotros, además deberíamos vivir por siempre con nuestros hijos, nietos y con los nietos de nuestros nietos, sin la existencia de la muerte sería sin duda fastidioso hasta el hartazgo. La muerte se convierte entonces en una liberación para todo lo vivo.

   Este aspecto libertario que tiene la muerte da motivo a una de las polémicas mayores en la actualidad: el derecho a morir de los humanos. Ante enfermedades incurables, accidentes espantosos que conlleva la modernidad, ha surgido la discusión sobre la puesta en práctica de la eutanasia o “muerte buena”, medida destinada para aplicarse a individuos enfermos o accidentados que sin esperanza de recuperar la salud por parte de la ciencia médica sólo sufren una agonía lenta y dolorosa, también aplicable a aquellos pacientes que sanos de su organismo padecen de muerte cerebral irreversible y que por su estado están condenados a vivir por años en vida vegetativa dependientes en todo momento de aparatos que les mantienen “vivos” o como decimos en México: muertos en vida. Se puede decir entonces, que la eutanasia cumpliría la función de evitar sufrimiento innecesario a los seres humanos.

   Es un hecho que la muerte genera en los humanos un sentimiento de respeto y conmiseración hacia quien la sufre, este respeto parece estar inserto en la genética humana desde las más remotas épocas, ya desde la existencia del hombre de Neandertal, hace unos 300 mil años, ponían en práctica una serie de ritos funerarios como enterrar a sus muertos  junto a ofrendas como granos de polen , animales utilitarios y objetos como herramientas, según lo demuestran las excavaciones hechas en la Chapelle-aux-Saints y de La Ferrassie, éste último con ocho entierros(dos adultos, un niño de 10 años, dos niños entre 2-3 años y tres fetos), en Francia; en Shanidar (Irak), o en Dederiyeh (Siria).

   Sobre esta medida, ya el poeta griego Posidopos decía que “nada mejor puede el hombre pedir en suerte a los dioses, que una buena muerte”, posteriormente el historiador Cayo Suetonio, afirmaba que el emperador Augusto había tenido “una muerte dulce tal y como siempre la había deseado”.[1]

   La práctica de la eutanasia o “buena muerte”, desde la antigüedad ha sido recomendada por pensadores de la talla de Platón y Aristóteles, en el Renacimiento el padre del protestantismo anticatólico Martín Lutero, el santo inglés Tomás Moro y luego el célebre ensayista francés Michelle de Montaigne, la consideraron una opción digna y racional.

      A partir del siglo XVII la palabra se popularizó como sinónimo de muerte tranquila y natural, y para el siglo XIX se entendía como la muerte permitida en quien padecía un mal sin cura. En la actualidad se le clasifica en:

1.    Voluntaria: cuando el enfermo la solicita.

2.    Involuntaria: cuando el enfermo no la solicita y se le administra.

3.    Activa: cuando se procura o se facilita la muerte del enfermo.

4.    Pasiva: cuando se determina dejar de suministrar medicamentos o la ayuda de aparatos que mantenían con vida al paciente.

5.    Directa: cuando intencionalmente se causa la muerte.

6.    Indirecta: cuando la muerte es el efecto secundario de un acto.

 

   Sin embargo, esta clasificación no es del todo precisa y da lugar a multitud de problemas éticos. De cierta forma pueden convertirse en homicidio, suicidio o en suicidio asistido.

   A simple vista y siguiendo la lógica, esta medida parecería ser muy comprensible y sensata de adoptar en nuestra sociedad moderna, sin embargo en México, como en otros países, nunca han faltado sectores que, esgrimiendo argumentos de carácter seudomoral  y religioso, plantean que si Dios es el creador de todo lo vivo en nuestro planeta, entonces sólo es competencia del Creador decidir quien muere y quien no. La tabla de los 10 mandamientos, base de la religión judeo-cristiana dice: no matarás; la religión católica abunda más: “todos son responsables de la vida que Dios les ha dado. En la religión musulmana el Corán dice: No tomes la vida que Alá hizo sagrada…”.

   En el aspecto médico la situación no es muy diferente, se considera a la ciencia médica como creada exclusivamente para evitar la muerte y preservar la vida. El Código Hipocrático, jurado tradicionalmente por los estudiantes de medicina se lee: “No daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso, y, del mismo modo, tampoco a ninguna mujer daré pesario (sustancia) abortivo, sino que a lo largo de mi vida ejerceré mi arte pura y santamente”.

   Las posturas religiosas en contra y las favorables a la eutanasia son irreconciliables, los grupos en contra no son pocos y por ello se dificulta la creación de una legislación conveniente que rija los modos y las formas en que se practicaría la eutanasia en México o más particularmente en el Distrito Federal. La eutanasia es uno de los problemas éticos más difíciles de enfrentar, ya que en torno a  ésta se conjugan experiencias pasadas, contradicciones, actitudes opuestas etcétera. “La pregunta que suelen hacerse muchos teóricos que tratan el tema, es acerca de la posibilidad de ofrecer argumentos a favor de la eutanasia en una sociedad liberal, donde de entrada, aceptamos los derechos de las personas para decidir sobre un sinnúmero de asuntos y donde aceptamos que exista una pluralidad de puntos de vista”.[2]

   Actualmente se ha logrado avanzar en este sentido, primero con el análisis de los diversos aspectos incluidos en el tema, como lo son el jurídico, el filosófico, el religioso y el médico.

Siendo el religioso el punto de vista más poderoso ya que se refiere a la capacidad única de Dios de dar y terminar con la vida, por ejemplo, John Locke, pensaba que la vida humana no era propiedad de la persona que la vivía sino de Dios, por lo tanto el suicidio era un insulto al regalo que Dios da: la vida. Kant,  argumentó que alguien que contemple el suicidio cae en una contradicción, es decir por una parte, está interesado en  promover aquello que va en su mejor interés al tratar de evadir futuros sufrimientos o morir en una situación en la que ha perdido control sobre él, pero por otra parte, al quitarse la vida desea abolir su propio “yo”, y con ello toda posibilidad de asegurar el cumplimiento de futuros intereses. Como lo que es contradictorio es irracional, el suicidio es irracional.

 Existen los antecedentes logrados en países como Holanda, España, Estados Unidos, Gran Bretaña y Colombia. Por ejemplo, cuando el mundo discute sobre la legalización de la eutanasia, tiene que mirar a Holanda, ya que se convirtió en el primer país del mundo en legalizarla, luego de que el Senado aprobara una Ley que la permite bajo ciertas condiciones, sin embargo también ha planteado no descuidar la medicina paliativa , poniendo en marcha cursos para obtener “certificado de cuidados paliativos” para asistir a enfermos desahuciados en sus necesidades físicas, sociales y anímicas , para aliviarles en su dolor y ayudar a los familiares a sobrellevar la pérdida de la persona querida como una alternativa  a la demanda de la eutanasia.

En Colombia, El Tribunal Constitucional, admitió la práctica de la eutanasia desde 1977 para los enfermos en fase terminal que la reclamen expresamente.

En Los Estados Unidos de Norteamérica la ley federal prohíbe la eutanasia; sin embargo, estados como Oregon y Nueva York permiten la eutanasia médica.

 

   En los países europeos y en Estados Unidos, Canadá y Colombia el factor principal para definir las condiciones en que se permitiría la eutanasia es la legislación correspondiente, se tuvieron que lograr consensos en donde las minorías religiosas o raciales no se vieran obligadas por las leyes a practicar la eutanasia, permitiendo además al individuo la libertad de elegir, si así lo deseaba, optar por ella es  decir, se hubo de legislar de tal manera que no se obligara a los individuos a aceptar la ley y que al mismo tiempo permitiera a otros a acogerse a ella para practicarla El estado no puede permitirse tomar partido en ningún sentido, solo le compete legislar sobre lo que la sociedad desea se convierta en ley, por ello en regímenes totalitarios no es tarea fácil llegar a un consenso social, debido a que los grupos no gubernamentales difícilmente tienen acceso a foros de discusión y difusión.

  Debido a estas circunstancias, hoy en nuestro país estamos en la obligación de difundir y discutir lo que es y para qué es la eutanasia, que la sociedad conozca el tema y sus implicaciones para que, en lo posible, el tema sea del conocimiento de grandes núcleos sociales y estemos preparados para continuar con la propuesta de una legislación que permita a los enfermos terminales decidir sobre su misma vida y forma de morir siempre con la convicción de lograr una mejor calidad de vida y de dignidad a quienes por desgracia sufran de enfermedades terminales o sin cura y  puedan optar sin prejuicios religiosos o morales  a acceder a la “buena muerte”.

Los problemas que se plantean con el asunto de la eutanasia, están en manos de los pacientes, sus familiares, los integrantes de los consejos asesores de los hospitales, los médicos y los jueces.  Queremos finalizar retomando a Ronald Dworkin, cuando afirma que “No podremos entender el debate sobre la eutanasia a menos que conozcamos las actitudes que sobre ella manifiestan los actores que participan en las decisiones”

 



[1] Ortiz Quesada, F., “Eutanasia”, Reflexiones: ciencia médica y derechos humanos; México, Némesis, 1993, p. 77.

[2] Citado por Charlesworth, Max, Bioethics in a Liberal Society, Cambridge University Press, 1993,p 30

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Norma Angelica Martinez Suárez,
1 feb. 2012 15:00
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